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Todas somos hijas de bernarda alba

Se acerca el 8 de marzo, y se me hace imposible no comparar este año con otros en los que he salido a la calle a compartir el día con amigas, así en sororidad, comprendiendo que lo que le pasa a una, les pasa a todas, que no somos tan distintas, y que por años me creí el cuento de la rivalidad entre mujeres.


Me viene a la memoria las mujeres con las que he compartido mi vida, las que se fueron y las que aún permanecen y me siento agradecida por haber compartido pedacitos de mi vida con ellas. En mi cabeza se entremezclan distintos arquetipos, que reconozco en ellas y también mi, aún negando algunos de ellos, la seductora, la cuidadora, la niña, la fuerte, la víctima etc. Y así enlanzando un pensamiento traigo al presente a las hijas de Bernarda Alba, ese magnifico texto de Federico García Lorca.


Hace años trabajé como actriz en una adaptación, La casa de Bernarda Alba, fue un trabajo muy intenso en el que cada actriz (salvo el personaje de la abuela) era interpretado por varias actrices, de tal manera que me ponía en el papel de una de las hijas en cada acto que plantea el Lorca, así tuve el gusto de ser Magdalena, Martirio y Adela.


Sinopsis argumental: Bernarda Alba y sus cinco hijas permanecen encerradas en su casa para pasar el luto de Antonio María Benavides, último marido de Bernarda. En este encierro sólo les acompaña Poncia, la criada con la que han convivido toda la vida. La presencia de un hombre, Pepe el Romano, propuesto en matrimonio a la mayor de las hijas, desencadenará celos, envidias y traiciones entre las hermanas. Esta serie de sucesos trágicos conducirán al desenlace fatídico de la más joven de ellas, Adela.