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MÁS ALLÁ DEL TRAUMA

Laya Glueckstein, habla en el canal de YouTube de Somarte de su trabajo como terapeuta integral acompañando a personas víctimas de abusos, especialmente durante la infancia.


Sabemos que es un tema terrible, difícil de tratar abiertamente, pero para las personas que trabajamos en la relación de ayuda y acompañamiento emocional, es algo con lo que lidiamos. Es una cruda realidad a la que el paciente tiene que enfrentarse en su proceso de sanación.


El cuerpo es un reservorio de todas las experiencias ya que impactan a nivel emocional y éstas tienen su correlato físico. Lo que ocurre, es que a veces son tan repetidas que desaparecen de nuestra conciencia y se vuelven un hábito, por ejemplo, cuando queremos evitar el miedo, metemos tripa y levantamos y cerramos el pecho, y a nivel visceral los intestinos también se cierran. Es una manera de afrontar determinadas situaciones. La incapacidad de movilizar la espalda indica cierta dificultad en la movilización de la cólera, así como la retención de la agresividad en los hombros. O la falta de apoyo en la desvitalización de las piernas. Para el organismo toda emoción que no puede liberarse, es una tensión crónica que necesita moverse. Las personas que han sufrido de abusos durante su infancia tienen un cuerpo tenso y a la defensiva, cosa absolutamente natural ya que ha sido una manera de sobrevivir.


Cuando hay un suceso traumático, parece que el cuerpo sufre de una especie de “congelamiento”, una manera de disociarse de él para evitar el contacto con el dolor, e incluso las áreas del cerebro que corresponden a los sentimientos viscerales llegan a desvincularse de la conciencia. Sin embargo, la desconexión no es selectiva, si hay desconexión del dolor, también la hay del verdadero sentimiento de alegría o placer. Un cuerpo traumatizado tiene dificultades con percibir los cambios corporales más suti