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EL NIÑO/A INTERIOR

Dentro de todos nosotros habita un niño interno, una parte que aún no ha crecido y que tiene luces y sombras, uno que habita en la alegría, la creatividad, la imaginación y el contacto con la espontaneidad, y otro que lo hace en el miedo, la angustia, el abandono y soledad.


¿Quién es el niño interior?


Es la estructura psicológica más vulnerable que se forma a partir de las experiencias, tanto positivas como negativas que tuvimos en los primeros años de infancia. Son cada vez más las corrientes que aseguran que el modo en el que nuestra madre vivió su embarazo, tiene un impacto en el bebé que se estaba gestando, dado que las emociones vividas por la madre o las que suceden en el ambiente familiar que rodea al feto, quedan guardadas en las células.


Después del parto, hasta los primeros seis meses de vida, el bebé deja de estar unido a la madre en un todo para pasar a ser individual que ha de esperar a que sus necesidades sean entendidas y satisfechas por otro ser, y empieza la sensación de que por si mismo no puede solucionar aquello que le está sucediendo, generando una memoria inconsciente ante la angustia de sentir soledad o falta de amor.


A partir de ahí, en esa interacción del bebé con el mundo, desarrollamos una serie de conductas que nos permiten evitar cualquier emoción que nos contacte con el vacío, la soledad, el abandono para obtener amor, reconocimiento y respeto de las figuras de apego. Con el tiempo, si vivimos una experiencia negativa y sabemos solucionarla, viviendo la emoción dolorosa correspondiente, incorporaremos esa experiencia y seguiremos hacia delante, pero si no somos capaces de vivenciar esas experiencias dolorosas, se quedarán enquistadas y generarán emociones desasosegantes en experiencias futuras. Serán de alguna manera, aspectos inconclusos que aflorarán en determinados aspectos de tu vida y que te estarán saboteando.


Sanar al niño interior



Sanar al niño herido es un proceso de autodescubrimiento, en el que tendrás que revisitar el pasado para contactar con esos eventos negativos que te dejaron con esas emociones enjauladas, este trabajo ha de realizarse con un profesional que te acompañe en el camino, que te guíe y te ayude a ver lo que no alcanzas y que además facilite que te puedas puedas sostener por ti misma/o.


Además de esto, hay algunas pautas que te pueden ayudar a trabajarlo:


- Permite que tu niño interior sano salga más a la luz, deja que se divierta, que juegue, explore y que saque más la espontaneidad.


- Escúchate: el niño interior herido hace que tu autoestima sufra. Pero antes de trabajar en ella, hay un paso previo, que es empezar a escucharte. Esto pasa por contactar con tus emociones y tus sensaciones.


- Responsabilízate de lo tuyo: deja de echar balones fuera, de quejarte por lo que el otro hace y asume tu responsabilidad. ¿qué haces tu en esa relación que te hace daño?, ¿cómo permites determinadas salidas de tono?.


- Revisa tus relaciones más íntimas: Si permites que el comportamiento de la otra persona te afecte demasiado, si intentas controlarlo, o si te vuelves cuidador para que no te abandone, estás generando una relación de codependencia haciendo todo lo posible para no tocar las emociones dolorosas de la infancia. Estás replicando una y otra vez comportamientos aprendidos en el pasado, pero que a la larga te generan sufrimiento. Es prioritario tomar consciencia de los miedos a ser rechazados o abandonados, cuyo origen está en el temor a ser desterrados del clan.


- Abraza a tu niño interior: Es el resultado de todo el proceso, ese momento en el que comprendes, aceptas y perdonas, tu adulto toma el poder y saca todos sus recursos a flote para sostener al niño interior en los momentos bajos, y entonces, ahí aparece la magia, transformas tu dolor en amor y autosostén.


¿Te acompaño a que abraces a tu niña/o?